Buenas tardes a todos:
Lo primero, para los que no me conocéis, me presento. Me llamo Luis Fernando… aunque aquí casi todo el mundo me conoce como Nando. Nací en este pueblo hace ya 71 años y, aunque he pasado gran parte de mi vida fuera, siempre he llevado a Autillo en el corazón. Mi abuelo Eugenio era conocido como “el Pavero”. Dicen que porque un año volvió de Villalon con una buena piara de pavos para criar. A mi padre Luis todavía alguno le seguía llamando así… aunque ya en la tercera generación el mote se fue perdiendo. Pero bueno, esas cosas pasan en los pueblos: cambian los nombres, pero las historias siempre quedan. Y hoy, la verdad, es un orgullo estar aquí dando el pregón de nuestras fiestas. Porque si algo tengo claro es que ser Autillano no se explica… se siente.
Mis primeros recuerdos de Autillo son de cuando tenía cuatro años. Recuerdo el pueblo engalanado, lleno de gente, de alegría y de visitas de todos los pueblos de alrededor. En mi casa hubo hasta turnos para comer de la cantidad de invitados que había. Era el día de la coronación de nuestra Virgen del Castillo… y aunque han pasado ya muchos años, todavía parece que lo estoy viendo. Luego llegaron esos años de infancia que aquí vivimos tan felices y tan libres. Recuerdo bañarnos en los tojos del río Valdeginate antes de que lo canalizaran… Los juegos entre las máquinas de la canalización, que para nosotros eran casi un parque de atracciones. El último día de escuela, limpiando los pupitres en la calle como si aquello fuera un acontecimiento nacional. O ir a buscar musgo para poner el nacimiento en Navidad. En aquellos años también venían monjas y frailes a la escuela animándonos a estudiar fuera. Para muchos era la única manera de seguir estudiando. Yo me animé… y dejé la escuela del pueblo. Pero cada vez que llegaban vacaciones, volvía. Y volvía encantado. A ayudar en casa, que siempre hacía falta una mano, y sobre todo a reencontrarme con los amigos. Porque aquí hemos aprendido a vivir. Aquí aprendí a jugar al mus… aunque debo reconocer que era tan malo que solo me querían para completar mesa. También recuerdo aquellos guateques cuando todavía no teníamos edad para ir al baile. Nos daba igual el sitio: cualquier local servía… ¡hasta una piscina vacía! . Allí aparecía Carlos con música recién traída de Canarias, que nos parecía lo más moderno del mundo. Y cuando ya fuimos un poco más mayores… entonces sí que los domingos eran especiales. Primero misa, que aquella era obligatoria para todos. Y después empezaba la ruta del vermú: del bar de Camy al de Félix… y cuando cerró Félix, pues a los pueblos de al lado, que tampoco nos íbamos a quedar sin vermú. Claro, luego llegabas a casa a comer tarde… y con la cabeza dando más vueltas que un ventilador. Y por la tarde, autobús de Pobes a Villalón, al Macri, “al baile”, como se decía entonces. Ahí sí que había ambiente. También recuerdo el día de quintos. Hicimos una hoguera para celebrarlo y casi acabamos dando explicaciones a la Guardia Civil porque dejamos una acacia de la puerta de la iglesia bastante perjudicada… Vamos, que ganas de fiesta teníamos, pero sentido común… el justo.
Después llegó la familia, los hijos y otras responsabilidades. Pero seguí viniendo cada fin de semana que podía. Por ver a los abuelos, por estar con la familia… y también porque quería que mis hijos conocieran lo que era crecer en un pueblo como este. Que supieran lo que es correr por estas calles, conocer a todo el mundo y sentir que aquí nunca eres un extraño.
Con los años también he aprendido a sentir orgullo de la historia de Autillo. De Doña Berenguela y Fernando III, unidos a nuestro pueblo desde hace más de 800 años. De Don Francisco de Reinoso, nacido aquí, secretario del Papa y después obispo de Córdoba, uno de los grandes impulsores de nuestra iglesia, por cierto, con mucho para presumir, incluso de la torre exenta al no haber podido juntarla el gallego que nos contaban los abuelos….
Y también orgullo del Autillo de hoy. De cómo seguimos manteniendo nuestras tradiciones. De las redes digitales que nos mantienen al día y nos unen a los que vivimos fuera. De fiestas como la de Fernando III, la de Santa Eufemia y esta que comenzamos hoy. De las exposiciones culturales que en Palencia se resaltan.
Del hermanamiento con los Reinoso, que nos ha unido incluso con pueblos de México. Recuerdo perfectamente una de aquellas visitas allí, cuando Toño me dijo viendo a los chiguitos en fiestas: “Mira, es como si te estuviera viendo a ti con diez años”. Y tenía razón. Porque al final, aunque estén al otro lado del océano, los pueblos se parecen mucho cuando la gente es sencilla y acogedora.
Orgullo también de cómo el pueblo sigue avanzando: con nuevas inversiones, con proyectos, lo último la cámara oscura de la torre, y la vivienda nueva en las antiguas escuelas. … y con algo muy importante: con vecinos que siguen arrimando el hombro cuando hace falta. Porque si algo tiene Autillo, son sus gentes. Gente trabajadora, cercana, generosa. Gente que siempre vuelve. Porque uno podrá vivir fuera muchos años… pero el pueblo nunca se va de dentro.
Y ahora sí… Vecinos, amigos y todos los que estos días llenáis de vida nuestras calles: disfrutad de las fiestas. Saludad al que tenéis al lado, aunque haga tiempo que no le veis. Compartid mesa, risas y canciones. Bailad, cantad y trasnochad un poco, que para eso son las fiestas. Que las calles vuelvan a llenarse de alegría, de niños corriendo, de peñas, de música y de abrazos. Y que cuando terminen estos días, nos quede lo más importante: la sensación de seguir siendo un pueblo unido, orgulloso de su pasado y con muchas ganas de seguir haciendo cosas juntos. ¡Felices fiestas! ¡VIVA LA VIRGEN DEL CASTILLO! ¡VIVA AUTILLO DE CAMPOS!
Autillo de Campos, 21 de mayo de 2026
Me parece,muy interesante que uno recuerde la historia de su pueblo,una gran riqueza cultural.Un navarro enamorado de Autillo.
ResponderEliminarMuchas gracias amigo navarro.
EliminarBonito e emotivo pregón Nando, se nota que sale directamente de tu alma autillana. Muchas gracias.
ResponderEliminar