23 de agosto de 2015

22 de Agosto 1989, hace 26 años...






Fotos: Julio Prieto

De los veranos de 1989 y 1991 recuerdo varias cosas importantes. Una es que fueron los últimos veranos que pasé en Autillo con mi abuela Anselma. Los dos años estuve casi un mes o más en el pueblo, y lo disfruté. Creo que ella también.

También fueron dos veranos en los que se consolidó mi amistad con Marcial Castro; de tener una relación bastante superficial, a forjar una bonita amistad.

Recuerdo también el buen rollo de pandilla que creamos en torno al mural que pintamos en la Plaza del Pueblo, fue muy participativo, invertimos bastantes horas de trabajo y sobre todo de diversión.
Quisiera enviar un fuerte abrazo a todos l@s amig@s de la foto.

Texto: Julio Prieto



La historia del mural que pintamos en la plaza del pueblo también tiene su gracia. Ignoraba que Julio Prieto era un pintor aficionado. Vi algún bodegón suyo y me pareció muy capaz. Le propuse hacer un mural, también con carácter histórico-didáctico. La historia del pueblo tenía tal cantidad de añadidos espurios, que pensé que se tenía que hacer algo para dejar las cosas en su sitio. Julio fue a la catedral de Palencia, y sin permiso y aprovechando un descuido de su guía oficial, tomó una diapositiva de una cuadro que escenifica la proclamación, que no coronación, de San Fernando en Autillo de Campos en 1217. Primero hicimos una superficie de cemento enmarcada, sobre la que pusimos pintura blanca. Luego, una noche, proyectamos la diapositiva del cuadro sobre la superficie blanca y se hicieron los contornos de las figuras con lápiz. Fue como si se calcase el original. Julio Prieto fue el artífice de casi todo, aunque contó con la ayuda de una chica de Irún, de origen autillano, que ya desgraciadamente no he vuelto a ver desde entonces. No fue fácil consensuar el texto, la leyenda del cuadro, para que nadie se sintiese ofendido por él, pero sin menoscabar el rigor de los hechos históricos. Ese año fue el año que conocí a Yolanda Castro, a ella le debemos el magnífico texto en letras góticas, que fue capaz de trazar en tiempo récord, a mano alzada y sin necesidad de plantillas. 

La historia de la pancarta es curiosa. Coincidió con el intento de golpe de estado contra Gorbachov, lo que supondría una involución en el proceso de apertura de la antigua URSS. Julio y yo comentamos en la piscina de Fuentes que teníamos que hacer algo, por modesto que fuera, para apoyar la democracia en aquel país. La idea era colocar en la torre una pancarta alusiva a Gorbachov y publicar las foto en el Diario Palentino, como una modesta contribución de Autillo de Campos a una buena y justa causa en la política internacional. Luis Ángel Gutiérrez, con mejor criterio y sentido común, dijo que era la idea más absurda que había escuchado en su vida. Por tanto decidimos poner una pancarta pero con mensaje didáctico. Pondríamos el nombre de Otiello (el que aparece en las crónicas de la época de Fernando III y el año 1217 para que los autillanos recordasen una y otra cosa. Le propuse a Julio hacer el diseño lo más parecido posible a Joan Miró. Julio fue el artífice de la pintura. La pancarta la hicimos en la presa, ya que allí teníamos una gran supeficie lisa donde poner el lienzo de 10 metros. La tela la compramos en Fuentes, la dueña del establecimiento no dejaba de preguntarnos para qué queríamos tanta tela, ella se olía algo raro e inusual, nosotros le dijimos que era para una fiesta de disfraces en Autillo, no nos apetecía dar tantas explicaciones. Luis Ángel Gutiérrez nos ayudó mucho en su confección. Habia que sujetarla de cualquier forma con cuerdas desde el suelo para evitar que el viento la enrollase y el texto fuera ilegible. Duró lo que dura el tiempo de una comida. A la hora de la siesta, los "chavales" del pueblo simplemente tiraron de las cuerdas que la sujetaban al suelo para hacer daño sin provecho, como una gamberrada de la que sentirse orgullosos. Pero Julio y yo sabíamos que algo así iba a pasar. Julio tomó estas fotos como recuerdo de una "obra de arte de naturaleza efímera", era la historia de una gamberrada anunciada. Pero nosotros habíamos hecho algo diferente, solo por el prurito y el gusto de hacerlo y poder comentarlo algún día a nuestros hijos.


                                       Texto: Marcial Castro.



CELTAS CORTOS


20 de Abril del 90. 
Hola, chata, ¿cómo estás? 
¿Te sorprende que te escriba? 
Tanto tiempo es normal. 
Pues es que estaba aquí solo, 
me había puesto a recordar, 
me entró la melancolía 
y te tenía que hablar. 

¿Recuerdas aquella noche en la cabaña del Turmo, 
las risas que nos hacíamos antes todos juntos? 
Hoy no queda casi nadie de los de antes, 
y los que hay 
han cambiado, han cambiado, sí. 

Pero bueno, ¿tú qué tal? Di. 
Lo mismo hasta tienes crios. 
¿Qué tal te va con el tío ese? 
Espero sea divertido. 
Yo, la verdad, como siempre, 
sigo currando en lo mismo. 
La música no me cansa, 
pero me encuentro vacío. 

¿Recuerdas aquella noche en la cabaña del Turmo, 
las risas que nos hacíamos antes todos juntos? 
Hoy no queda casi nadie de los de antes, 
y los que hay 
han cambiado, han cambiado, sí. 

Bueno, pues ya me despido, 
si te mola me contestas. 
Espero que mis palabras 
desordenen tu conciencia. 
Pues nada, chica, lo dicho, 
hasta pronto si nos vemos. 
Yo sigo con mis canciones 
y tú sigues con tus sueños. 

¿Recuerdas aquella noche en la cabaña del Turmo, 
las risas que nos hacíamos antes todos juntos? 
Hoy no queda casi nadie de los de antes, 
y los que hay 
han cambiado, han cambiado, sí.