4 de mayo de 2015

El olmo de Autillo, otro milagro de la primavera


El olmo conmemorativo a 1º de mayo de 2015, foto Maruchi Corvo


El olmo de Autillo ha revivido, ha vencido el desafío de la nueva tierra que ahora lo sustenta y a los rigores del áspero invierno autillano. Sus hojas el año pasado no soportaron el cruel y traumático trasplante, como era de esperar, pero ha pasado de estar moribundo y "sequiñoso" (como me lo describió una autillana), a brotar como una señal de esperanza y como promesa futura para las generaciones de futuros autillanos. Quién sabe si será, cuando crezca, un lugar de encuentro de autillanos, o sombra de ancianos o cobijo de enamorados al caer la noche. Quién sabe si algún rey futuro vendrá a jurar los fueros autillanos bajo su frondosa sombra, o algún alcalde reciba la vara de mando de manos de su predecesor. Estos árboles totémicos se sabe a veces cómo y cuándo se plantan, pero nunca se sabe ni para qué se usarán, ni cúando le llegará su hora tras siglos de tutelar presencia.

Al saber que había brotado de nuevo, confieso que me alegré y recordé unos versos de Antonio Machado que tuve que comentar cuando era joven estudiante de bachillerato. Ambos olmos, el de Machado y el de Autillo tienen en común que son un nuevo milagro de la primavera.

Texto: Marcial Castro


  A UN OLMO SECO
  Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
  ¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
  No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
  Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
  Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas, 
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Antonio Machado