18 de marzo de 2015

La Ermita del Cristo del Humilladero, Restaurada




Ermita del Cristo del Humilladero
Hacia el año 1625 un cura beneficiado de Autillo 
decidió que de su propio peculio, se construyese nuestra ermita.




La ermita de la que hablamos, la Ermita del Humilladero, pasó a manos
particulares a través de mi abuelo, Germán Asensio, y gracias a él y a su
hijo, Carmelo Asensio, no ha acabado como lo han hecho otras ermitas autillanas, destruidas por el paso del tiempo y la falta de cuidados. Prueba de
ello son los tirantes que han sujetado las gruesas paredes desde septiembre
del año 1967 hasta nuestros días y la puerta nueva que mandó hacer Germán,
puesto que ambos elementos eran inexistentes en el momento en el
que mi abuelo adquirió la ermita al Obispado de Palencia, mediante pública
subasta.

Desde entonces hasta ahora, diversos han sido los usos que le hemos dado a
la ermita. Desde llenarla de paquetes de alfalfa o tubos de regadío hasta ser
la sede de la Peña ‘El Huerto’ durante más de 10 años, en los que hemos
sumistrado diversión a todo el pueblo, y alrededores que así lo deseaban, en
las fiestas de Autillo.

Y precisamente en una noche de esas fiestas autillanas, animados por la influencia de las bebidas espirituosas, Luis y yo ideamos el inicio de este
proyecto sin ser conscientes de la envergadura que tomaría. Madurando
nuestra idea, y con mucho entusiasmo, implicamos a Carmelo, mi padre,
quien sin dudarlo se sumó a la cruzada, con el fin de hacer un “simple retejo”.

Así, en julio del año 2013, un agricultor-ganadero, con aptitudes para todo
lo que se proponga; un aparejador echado pa`lante, sin remilgos y dispuesto
a todo; y una servidora, inconsciente por no saber dónde se metía pero con
los arrestos suficientes para ponerse a hacer lo que hiciese falta, iniciamos
este proyecto llenos de ilusión y fuerzas.
Estuvimos trabajando en la ermita durante más de año y medio, sin descanso,
todos los fines de semana, periodos vacacionales y días libres disponibles.
Además, Carmelo avanzaba mucho trabajo entre semana, con el fin
de aprovechar al máximo el tiempo en el que coincidíamos los tres.
No fueron pocas las controversias contra las que luchamos, ni pocos los
comentarios jocosos acerca de lo que estábamos haciendo, mostrando más
bien poca confianza en nuestras habilidades. Ni tampoco lo fueron los imprevistos que nos deparaba la ermita: debajo de cada tabla, de cada trozo de
adobe había algo profundo que retocar, reforzar o crear; algo de lo que
aprender para avanzar.

Llegados a este punto, debemos hacer una mención especial a las ayudas
desinteresadas:

Carlos animando y suministrando agua y luz; 
Hortensia haciendo masa y muchas cosas más; 
Vidal apoyando y prestando material;
Maruchi preparando el vermouth y amenizando el trabajo con música; 
Luis Ángel ayudando a Carmelo en todo momento; 
Begoña asesorando con el papeleo; 
Adela preparando almuerzos llenos de fuerza; 
Coba haciendo lo que se tercie; 
Manolo dando conversación; 
Raquel aportando consejos teóricos y apoyando en la tienda; 
Isaac y Daniel instalando la luz; 
Roberto suministrando materiales eléctricos; 
Vicente colocando tarima; 
Camino con el vinilo; 
Maite asesorando, 
Marisa suministrando materiales; 
la cuadrilla de Burgos dando un empujón a las paredes tras el “incidente” …

Y seguro que se nos olvida alguien, así que ruego que nos perdone porque
tenemos tanto que agradecer…

Pero, sobre todo, quiero aprovechar la oportunidad que me han brindado
Marcial y Julio para dar las gracias a Carmelo:

- porque sin él nada de esto habría sido posible

- por compartir con nosotros toda su sabiduría

- por darnos sabios consejos

- por hacernos advertencias basadas en la experiencia

- por enseñarnos los valores de la honestidad y la lucha continua

- por dejarnos compartir con él todos los días de trabajo, que, aunque

  duros, han sido muy gratificantes

- por hacernos ver que con tesón se consiguen resultados

- porque nos sentimos orgullos de ser capaces

- porque siempre da sin esperar nada a cambio

- por ser nuestro padre y ser como es, y despertar esta admiración profunda
que sentimos por él, y sobre todo por estar siempre a nuestro lado, dispuesto a ayudar y darnos las herramientas para crecer como personas independientes con personalidad.


Judit Asensio