7 de abril de 2014

Ocho apellidos vascos o Las raíces vascas de los Castros de Autillo



Foto: Google



La semana pasada estuve viendo la película “Ocho Apellidos Vascos”, y confieso que pasé un buen rato. La película trata de las peripecias de un andaluz que se hace pasar por vasco radical de izquierdas, para poder enamorar a una joven vasca criada en un entorno familiar abertzale radical. Esta película me hizo recordar que los Castros autillanos también tenemos nuestras raíces vascas ilustres y bien conocidas, sin necesidad de invertarlas para engañar a nadie.

Mi primer contacto con algo que tuviera que ver con lo vasco fue con un poema que aparecía en el libro “Senda”, yo creo que el libro de lecturas obligatorias que más ha marcado a una generación entera de estudiantes españoles. Ahí venían escritos, en castellano, unos preciosos versos de Gabriel Aresti, llenos de amor filial con una segunda lectura política sin duda, que en aquel momento se me escapaban, y que se me quedaron grabados en la cabeza. Su título era: “La casa de mi padre”.

Yo siempre he sentido adoración por mi padre y estos versos me conmovieron.




NIRE AITAREN ETXEA


Nire aitaren etxea
defendituko dut.
Otsoen kontra,
sikatearen kontra,
lukurreriaren kontra,
justiziaren kontra,
defenditu
eginen dut
nire aitaren etxea.
Galduko ditut
aziendak,
soloak,
pinudiak;
galduko ditut
korrituak,
errentak,
interesak,
baina nire aitaren etxea defendituko dut.
Harmak kenduko dizkidate,
eta eskuarekin defendituko dut
nire aitaren etxea;
eskuak ebakiko dizkidate,
eta besoarekin defendituko dut
nire aitaren etxea;
besorik gabe,
bularrik gabe
utziko naute,
eta arimarekin defendituko dut
nire aitaren etxea.
Ni hilen naiz
nire arima galduko da,
nire askazia galduko da,
baina nirre aitaren etxeak
iraunen du
zutik.
LA CASA DE MI PADRE


Defenderé
la casa de mi padre.
Contra los lobos,
contra la sequía,
contra la usura,
contra la justicia,
defenderé
la casa
de mi padre.
Perderé
los ganados,
los huertos,
los pinares;
perderé
los intereses,
las rentas,
los dividendos,
pero defenderé la casa de mi padre.
Me quitarán las armas
y con las manos defenderé
la casa de mi padre;
me cortarán las manos
y con los brazos defenderé
la casa de mi padre;
me dejarán
sin brazos,
sin hombros
y sin pechos,
y con el alma defenderé
la casa de mi padre.
Me moriré,
se perderá mi alma,
se perderá mi prole,
pero la casa de mi padre
seguirá
en pie.


Fue en el verano de 1976 cuando los padres de Pedro, Julio y Juanjo Prieto, mis grandes amigos autillanos, me invitaron a pasar una semana en su casa de San Sebastián. Para mí el País Vasco fue un gran descubrimiento, allí vi mi primera ikurriña gigante presidiendo las regatas de la Concha, cuando aún no estaba legalizada; los carteles políticos escritos en papel de estraza y pegados a toda prisa sobre las paredes del Casco Viejo; mi primera manifestación ilegal con carga de la policía; la primera vez que oía el sonoro y misterioso idioma vasco… Fue el padre de mis tres amigos, Pedro Luis Prieto Herrero, quien me cantó por primera vez en vasco y creo que fue precisamente el “Eusko Gudariak”; él fue quien me explicó, por primera vez, las razones de la conflictividad política vasca y qué era eso del PNV. De mi maravillosa estancia en aquella casa me llevé un precioso recuerdo que aún guardo con todo mi cariño y agradecimiento: un ejemplar del libro de Pío Baroja “Fantasías Vascas”, que devoré nada más llegar a casa.

Volviendo otra vez a las genealogías que nos ocupan, ya hemos comentado en este blog que los Castros de Autillo descienden de una falsa familia de hidalgos vascos, los Olasos, que se establecieron en Paredes de Nava a comienzos del siglo XVI y que salieron curiosamente victoriosos defendiendo en la Chancillería sus supuestos antepasados nobles procedentes de Elgóibar. Pero también hemos comentado que estos Olasos entroncaron con descendientes de un italiano florentino llamado Francisco del Nero, que casó con la hija de los señores de Trigueros del Valle, de nombre Francisca Robles Bazán. Esta Francisca Lleva el apellido Bazán por ser descendiente del XI señor de Baztán (Navarra), Pedro González de Bazán, y era pariente no muy lejana de don Álvaro de Bazán, marino, militar y héroe nacional español. Descendía también de los Guevara, y de una hija de Fernán Pérez deAyala, el XIII señor de esta villa, padre del famoso Canciller Pero López de Ayala, cuyos ilustres antepasados no son difíciles de rastrear en los libros de genealogía. Amén de ser descendiente de los primeros reyes de Navarra.

Por tanto, que un Castro vaya a residir (que los hay) o ir de visita a Navarra o al País Vasco, no es para sentirse extraño, es volver sencillamente a la “casa del padre”.







(Por Marcial de Castro.)